viernes, 30 de mayo de 2014

Capellanes de hospital, con la persona que sufre

Proveen consejo espiritual y llevan a cabo el servicio religioso.  Dan a los enfermos lo que necesitan: comprensión, misericordia, respeto, la imagen bondadosa de Dios. Son signos o sacramentales para el hombre sufriente.  
Ricardo José Gaya, José Manuel Moreno, Francisco García y Martín González, capellanes del Hospital Universitario Virgen Macarena de Sevilla, nos presentan una faceta no tan conocida de la pastoral.

¿Qué significa,  como sacerdote,  este servicio?
Martín.- Es parte de mi vocación.  Poder realizar la llamada del Señor en esta tarea tan importante,  como es la atención a los enfermos, me produce gran alegría. Siempre aprendo algo, sabes que te necesitan y ves que te reciben de buena gana.

¿Cómo lleváis a Jesucristo a los enfermos?
Ricardo.- El sentido de visitar a estas personas es darle el consuelo de la Palabra de Dios y, luego también,  el consuelo del sacramento; es el mayor ánimo que reciben los pacientes porque les estás dando fuerzas en su enfermedad, sus dolores y sus sufrimientos.
¿En qué es modelo Jesús del capellán?
José Manuel.- Podemos pensar en la parábola del buen samaritano.  El capellán es el enfermero,  el  acompañante, el  familiar, el terapeuta y el amigo. En el proceso de acompañamiento vamos pasando por todas las experiencias que fue pasando ese buen samaritano del Evangelio: desde bajarse del caballo y atender al enfermo, llevarlo a curar, servirlo, acompañarlo y no marcharse sin dejar las cosas solucionadas.
¿Cuál es el proceso de acompañamiento del capellán?
JM.- Es fundamental conseguir una relación de empatía. Intentamos estar cercanos con nuestras palabras, nuestros gestos. El capellán debe saber que, según las circunstancias del enfermo, puede estar allí o es el momento de retirarse. A veces sólo pasas por la habitación y das los buenos días, porque viven circunstancias de dolor y sufrimiento y no están para nada.

R.- Pero no sólo acompañamos a los enfermos y familiares, también al personal del hospital. Muchas veces te piden confesión, un favor, que digas una misa por un familiar, que los escuches y sentirte cercano. Y esa también es nuestra misión.

Francisco.- De hecho, todos los días en la Eucaristía pedimos no sólo por los enfermos y  sus familiares, también por el personal de la casa.  El tiempo de la misa es un punto de unión que tenemos todas las mañanas: ahí te puedes encontrar familiares, incluso algunos enfermos, médicos, sanitarios en general y personal de cocina.

¿Colabora el personal sanitario?
M.- Ellos nos sirven de puente con los pacientes. Nos avisan si hay un enfermo que lo está pasando mal, para que nos acerquemos y les presentemos a Jesucristo. Personas que son creyentes pero no caen que en el hospital están los capellanes;  el personal les explica que hay sacerdotes que les pueden traer todos los días la comunión...  Cuando estamos fuera del hospital  o en misa, el personal de teléfono toma los datos y después nos los pasan a nosotros.  Saben que estamos disponibles las 24 horas.
¿El servicio religioso es un privilegio o un derecho del paciente?
JM.- El ser humano está constituido por diferentes dimensiones. La dimensión espiritual también necesita de curación. En una enfermedad, la persona no sólo está enferma corporalmente, también psicológica, anímica y espiritualmente, y esa área es propia del capellán. Por eso no es un privilegio sino un derecho.  Incluso los facultativos saben que un paciente animado en su dimensión espiritual  está más fuerte para combatir su enfermedad y tendrá una curación más rápida que un paciente que no tenga ese apoyo. Dar esperanza a las personas es fuerza para luchar.
¿Cuentan con la ayuda de voluntarios?
R.- Al hospital vienen diferentes grupos de voluntarios para acompañar, por ejemplo, a niños, personas con cáncer, etc.  Pero hay un grupo de voluntarios que llevan muchos años colaborando con nosotros. Además de visitarles y acompañarles hacen una labor muy importante con un piso amueblado que ponen a disposición de familiares, de personas ingresadas con estancias prolongadas, con escasos recursos económicos y vienen de fuera de Sevilla. Nosotros, cuando vemos la necesidad, se lo comunicamos.
¿Se reúnen como equipo para compartir criterios comunes, siguiendo una misma praxis o cada uno se deja llevar libremente según pida el momento?
F.- Lo hacemos entre nosotros y en reuniones diocesanas con los capellanes de todos los hospitales de Sevilla. Son reuniones de formación y para coordinamos. Además, hay cursos en Madrid a los que podemos asistir para seguir preparándonos para esta tarea.
¿Qué experiencias se llevan a casa?
JM.- El capellán no tiene que estar siempre en la sacristía o en la capilla. El lugar propio del capellán, además de en la Eucaristía, es en los pasillos o donde estén los enfermos.  Estando por la zona de paritorio, el marido de una mujer que estaba de parto se desmayó.  Ella quería que alguien estuviera apoyándola.  Me preguntó la enfermera si me importaba, y yo nunca había estado en un parto… Le di el apoyo moral que ella necesitaba en ese momento tan importante. Lo recuerdo como una experiencia muy gratificante y de las cosas más bonitas que me han pasado en el hospital. El capellán está no sólo para la muerte, la amargura y dolor, sino también para momentos de felicidad y de vida.  Soy el padrino de esa niña que nació y mantengo relación con ella.
F.- Yo siento que cuando llevas a Jesucristo a esa persona estás colaborando en su curación por el entusiasmo y la fuerza que estás poniendo por la fe.
R.- Hay personas que te dejan huella. Lo que recibimos de la fe de la gente es increíble. Vemos cómo afrontan su enfermedad, se nos viene siempre su recuerdo al pasar por la habitación donde estuvieron. Gente que muere con fe de resurrección.
M.- Recuerdo que me llamaron para una unción de enfermos. El profesional que estaba allí me dijo que preparase a la familia para el fatal desenlace. Pero, al contrario, les hablé de esperanza, de lucha, de curación, de superar obstáculos.  El paciente se recuperó y, estoy convencido que, en gran parte, fue por la labor de ánimo y la gracia del sacramento.

Autora: Loli Ramírez

Entrevista publicada en el nº 112 de Archisevilla Digital, del viernes 23 de mayo de 2014