lunes, 20 de marzo de 2017

Viacrucis de amor

Años de discernimiento para dejarlo todo y entregarse al Señor. Cuando lo vio claro ni siquiera lo dudó, al ver que era cosa de Dios se puso en camino al estilo de Abraham y la lleva siete años ejerciendo de madre con tantos y tantos niños que han pasado por sus brazos y su regazo engendrados no por la sangre sino por la fe.


Mujer de carácter y de hondura espiritual, devota de Santa Teresa de Calcuta. Va de frente ante los problemas y no admite remiendos ni tibieza. Muchos voluntarios y colaboradores han pasado por el Hogar y todos se encuentran como en casa, Pilar es su mano derecha y también un poco su mano izquierda. Son como el agua y el aceite, la noche y el día, pero cuando se trata de asuntos del amor a Dios y el servicio a los más pobres entran en una profunda comunión de pensamiento y acción porque son conscientes de que sumar es mucho mejor porque no rompe a la persona. Así y mucho más es nuestra querida María Fernanda, misionera seglar en las periferias del Perú.

Han retomado el sueño de Fernando, el pilar troncal para iniciar y la elegancia espiritual para echarse a un lado cuando se vislumbraban otros planteamientos.
El trabajo inconmensurable de Pablo que sacrificó todo por el Hogar y por los niños durante años dejándose la vista y las entrañas de despacho en despacho y de notaría en notaría. Y un servidor que, aunque aparecía más en los medios, era el más inútil de todos porque no hacía otra cosa más que animar e intentar sacar lo mejor de cada uno.

Sí puedo decir que no he llamado a una puerta que no se me haya abierto de par en par ni he pedido colaboración que se me haya negado. Muchos colaboradores y responsables en la sombra siguen luchando  y entregando su ayuda y su tiempo. En los comienzos muchos errores de los que nos ha tocado aprender para convertir en retos y desafíos las amenazas. Hoy son otras personas las que tienen el timón en la retaguardia y ellas, María Fernanda y Pilar, las que están al pie del cañón con presencia y entrega incondicional.

Se puede rezar y ayudar en la distancia, se pueden echar horas y horas de trabajo desde la contabilidad hasta la lotería pero nada ni nadie puede suplir el corazón que late al unísono con ellos, lo brazos que acogen  y acarician, y la presencia del evangelio en la vida cotidiana y en cada rincón del Hogar. Porque María Fernanda y Pilar no son heroínas sino mujeres de fe que han descubierto el tesoro escondido y han vendido el resto para ofertarlo a los más pobres desde un corazón abierto a todos.

Al recibir estas fotos no he podido dejar de comunicarme con vosotros con el corazón agradecido a Dios que sigue suscitando almas generosas que parten hacia lo desconocido sabiendo de quién se fían y quién va con ellas: El Señor.

Desde aquí se pueden dar todas las sugerencias del mundo, algunas muy loables, pero amar y entregarse no se puede hacer desde la distancia como nos recuerda el Papa Francisco.

Gracias por ese Viacrucis que es la misma vida diariamente en el Hogar y en todos los pueblos que sufren tanta hambre de Dios y de pan.

En unión de oraciones un fuerte abrazo a todos.

        

Eduardo M. Clemens