viernes, 8 de junio de 2012

El papel de la mujer en la nueva evangelización


“Siempre me he sentido como mujer plenamente integrada en la Iglesia”

La directora del programa de Televisión Española en La 2 “Últimas preguntas”, María Ángeles Fernández, ofrecía en la mañana del sábado 26 de mayo una conferencia sobre el papel de la mujer en la nueva evangelización. Lo hacía partiendo desde su propia experiencia. “Cuando hace 11 años comencé a dirigir el programar de “Últimas preguntas”, llamaba mucho la atención que una mujer dirigiese un programa religioso”.
Por esa época también otro laico, Isidro Catela, se hacía cargo de otro programa en TVE, ellos fueron propuestos por la conferencia episcopal española. “Podía entender que llamase la atención que fuese un laico el encargado, pero no podía entender que llamase la atención el hecho de que fuera mujer. Además por aquel entonces se hablaba de la famosa cuota femenina. Siempre me he sentido como mujer plenamente integrada en la iglesia”.

Tras la propuesta de la diócesis de Coria-Cáceres, (Jesús Moreno, Vicario de Pastoral Social ha querido agradecerle su presencia especialmente, ya que ha sustituido a otro ponente) ha tenido tiempo para reflexionar sobre este tema, el papel de la mujer en la nueva evangelización, “en nuestra sociedad tienen claro que hombres y mujeres somos iguales en derechos, sin embargo, ejercemos las mismas cualidades humanas pero las ejercemos de forma distinta”.
Fernández ha utilizado el testimonio de distintas mujeres a las que ha entrevistado en el programa de “Últimas preguntas”. Testimonios de grandes mujeres, religiosas, misioneras, una presentadora de televisión, periodistas, una directora de orquesta, una abogada, una cantante, una profesora… etc. Y en el fondo eso, simplemente mujeres.
Juan Pablo II hablaba del “genio femenino”. El modo masculino y el femenino de existir son complementarios también en el interior de las personas. “No es que el hombre tenga que ser fuerte y la mujer tierna, sino que hay un modo de ejercer la ternura desde el hombre y desde la mujer” resalta.
Para ella, evangelizar es mostrar el camino de la felicidad, enseñar el arte de vivir. Hay que buscar nuevos caminos, renovar la fe y la vida de los creyentes, ser personas creíbles en nuestras convicciones y en nuestro testimonio de vida, como los primeros creyentes. Este es el verdadero secreto.
María Ángeles se pregunta: ¿qué podemos aportar las mujeres a la nueva evangelización? Juan Pablo II deja claro la igualdad entre ambos sexos, que no quiere decir uniformidad. La mujer tiene una capacidad peculiar para reconocer lo especial de cada persona, tienen una sensibilidad especial por lo humano. Ha mencionado también las palabras sobre las mujeres que Mons. Rino Fisichella pronunció en este congreso el pasado jueves (léalo aquí).
Y es que Jesús se presentó primero a las mujeres, y en la civilización romana fueron las mujeres quienes se convirtieron y después convirtieron a sus familias. En los primeros tiempo s del cristianismo la mujer consiguió un gran auge y su figura comenzó a ser valorada tras las enseñanzas de Jesús.
También, ha querido rescatar la parábola del grano de mostaza, porque sobre la nueva evangelización hay que actuar valientemente y dejando que Dios decida cómo y cuándo crecerá. “La ley de los grandes números no es la ley de la Iglesia. Dios se vale de muchas maneras para presentarnos su regalo. Las madres tienen una especial sensibilidad para ver qué nos quieren decir nuestros hijos, ellos a veces nos acercan a la fe”.
Y es que las mujeres desarrollan en multitud de ocasiones la actitud de servicio que es obligación de los cristianos. Pero a veces esa actitud de servicio se entiende mal. Muy mal. Las mujeres respondemos a nuestra vocación de servicio de muy distintas maneras. Decía Madre Teresa que “Quien no vive para servir no sirve para vivir”.
La mujer está dispuesta al encuentro con Cristo, como en la historia de Marta y María, es necesaria esa actitud de escucha y comunicación para ese diálogo con Dios. Y la importancia del silencio. “En la boda de Caná fue María quién se dio cuenta de las necesidades que hacían falta porque estaba atenta, pendiente del otro. No podemos dar vida a otros sin dar nuestra vida”.
Un don específicamente femenino es la maternidad. Y para Edith Stein es la dimensión más destacada del alma femenina. Esa maternidad no está vinculada a la maternidad corporal. “La misión de la mujer es generar vida, de cualquier forma”.
El desarrollo de la nueva evangelización pasa por la normalidad y naturalidad en esa evangelización. “Comienza en la propia casa, como hijas, como madres, como abuelas. Hay que dar noticia de la buena noticia que hemos conocido. La vocación de los cristianos es el amor y cada uno tenemos un modo propio de vivir esa vocación. Quizá en la caso de la mujer esa vocación pasa por esa maternidad de vida, la sensibilidad para escuchar y comprender, la capacidad de relacionarnos de tú a tú”.

, Servicio de Información Católica