lunes, 17 de marzo de 2014

Reflexión en Cuaresma

Sigue al maestro


La cuaresma, por el ambiente que crea la celebración de los cultos que cada hermandad pone en práctica como preparación para la Semana Santa, hace renacer en nuestros corazones el deseo de mostrar nuestro seguimiento a Jesús. Es importante que se manifieste este deseo, pero es más importante que sepamos la forma en que debemos seguir al maestro: como multitud o como discípulo. La multitud le sigue porque le daba pan (Jn.6,26); sin embargo los discípulos no tienen tiempo para comer (Mc. 3,20) y Jesús los subió a la barca para que descansaran un poco.
La multitud le sigue por los milagros, le proclaman rey pero, al día siguiente, le dan la espalda porque ya no lo necesitan o porque sus palabras son duras; los discípulos no le dejan jamás porque después de haberle conocido ya no tienen donde ir. Los discípulos le acompañan hasta Jerusalén y uno de ellos permanece junto a la cruz. La multitud dice que Jesús es Elías, Jeremías o alguno de los profetas; los discípulos, sin titubear, lo reconocen como Cristo, el Hijo de Dios vivo. La multitud es como quien construye sobre arena y al menor contratiempo se viene abajo; el discípulo construye sobre roca y permanece firme ante las adversidades. Para la multitud Jesús tiene la verdad; para los discípulos Él es la verdad. 


En la cuaresma sevillana, tan rica en matices, tenemos la oportunidad de ver cómo queremos seguir al maestro: Perdiéndonos en el anonimato o viviendo intensamente en nuestro propio cuerpo la pasión de Cristo. Podemos estar inmersos en la multitud sin que, por ello, dejemos de ser fieles seguidores y, con nuestro ejemplo de vida, intentar que alguno más se incorpore al grupo de los que no rehusamos la pasión con Él.

Eduardo M. Clemens
Publicado en Diario de Sevilla