martes, 15 de diciembre de 2015

La alegría de ser misionera

Queridos hermanos de mí amada archidiócesis natal de Sevilla:

Me llamo Mª Ángeles Pasadas, soy misionera desde hace 40 años, y naci en Lora del Rio. A los 10 años nos fuimos a Sevilla, y entré a los 20,  después de acabar la carrera de Filosofía y Letras. Dios quiso regalarme vivir y conocer las tierras asiáticas, especialmente Japón y Filipinas. Ahora estoy por España un tiempo. Y quería presentaros la fundación en Filipinas que mi comunidad “Servidores del Evangelio de la Misericordia de Dios”, acaba de abrir en mayo de este año 2015. Es una fundación nueva, de la que me siento muy orgullosa, y como madrina os quiero compartir sus alegrías y batallas. De momento yo no puedo ir para allá, pero como he tenido la suerte de viví en Filipinas durante 4 años (en los años del 85 al 89) y luego la he visitado mucho desde Japón (del 92 al 2002), me he ofrecido para hacer de puente entre esta pequeña comunidad misionera y la archidiócesis de Sevilla.


Es mi deseo haceros llegar las entrañas de un corazón misionero, como se vive una fundación, el llegar sin más seguridad que la Providencia de dios y la luz y guía del Espíritu Santo, junto con el fuego en el corazón del amor de dios por todos aquellos hermanos filipinos. Y con ello, que podáis sentir de forma cercana la vida cotidiana de tantas personas, jóvenes, niños, familias, que son preciosos a los ojos de Dios pero que viven en situaciones tan diferentes a las de España, muchas veces muy injustas y pocos humanas por la falta de medios para salir adelante. Así y todo, os puedo asegurar, son la personas más sencillas y sonrientes que he visto. Se les quiere sin querer. Este compartir es un modo de agradecerles tanto que dios me ha enseñado a través de ellos.

Al mes de llegar a Manila donde empezaron a estudiar Tagalog, el idioma oficial del país, junto con el inglés. En ese momento todavía no sabían a qué diócesis iban a ir a fundar. A partir de Septiembre ya Dios nos ha mostrado el camino: en la diócesis de Lingayen-Dagupan, a la ciudad de Malisiqui, en la provincia de Pangasinan, al norte de Manila. Son tres misioneras: Teresa, Ana y Belen, y un misionero sacerdote:Darío, que justo ha celebrado allá los 25 años de su ordenación sacerdotal. Ellos nos van a ir contando sus vivencias y sobre las personas que Dios les vaya confiando en esas nuevas tierras.

Os adjunto una foto mía de cuando estuve viviendo en Manila. Estoy en “smoky Mountains”,  el basurero de manila, donde vivían mas de 2000 familias hacinadas encima de los montículos de basura, la cual emitía gases al descomponerse, de donde el nombre de “montañas de humo”. Los niños y familias enteras viven de recoger productos de entre la basura para vender al reciclaje. En la foto la niña de espalda lleva en una cesta lo que ese día había recogido para vender. La otra niña y chicos son japoneses que vinieron a conocer la situación y poder ayudar. Una realidad muy dura donde experimenté en mi interior el llanto de Dios por sus hijos. Hoy en día, la situación de esas familias ha mejorado, no viven tantas allí, pero siguen siendo condiciones muy pobres de vida.

Hasta la próxima, en la esperanza de que Dios nos despierte el corazón a tantos hermanos que tenemos en esta tierra con quienes compartir sueños y dificultades. Un fuerte abrazo!


Mª Angeles