miércoles, 20 de enero de 2016

“Los niños ayudan a los niños”

¡Aviso para navegantes!: contra lo que pudiera empujarnos a creer después del deslumbrante oropel consumista y vano con el que los peritos del marketing nos han envuelto la Navidad, la gran Jornada misionera de los niños remata el copioso rosario de las celebraciones navideñas, sí. Pero no es una fiesta para atiborrar de dulces y caramelos las barrigas infantiles. No. De eso, nada.

Antes, y sobre todo, es un nuevo aldabonazo, directo y claro, que, todos los años por estas fechas, la Iglesia endereza a los más pequeños para sembrar en ellos el espíritu de la fraternidad universal. Por eso, “Los niños ayudan a los niños” es el lema de esta, muy veterana ya, Obra Pontificia. Y, también por eso, este año, llega de la mano de un generoso “Gracias”, que quiere ser consecuencia final del previo intercambio de bienes al que están llamados todos los niños de la Tierra.


Año tras año, la Infancia Misionera se afana por sembrar, entre los más pequeños, un espíritu libre, solidario y sin fronteras. Un espíritu que arraigue, con fuerza, en los corazones infantiles. Y que, andando el tiempo, sea capaz de transformar a los niños de hoy en hombres y mujeres del mañana, hechos y, sobre todo, derechos: capaces de construir un futuro mejor. Hombres y mujeres que estén resueltos a forjar una humanidad más justa, más libre, más fraterna, más humana y, en definitiva, más cristiana.

Todos los niños están llamados a ser, el próximo domingo 24 de enero, protagonistas de esa Jornada. Pero, para que eche raíces en el hondón de su alma la certeza de que todos somos hijos de Dios y, por lo tanto, hermanos e iguales en derechos y dignidad, es imprescindible la ayuda y colaboración de los mayoresPor eso, padres, catequistas, profesores y colegios también están llamados a comprometerse en esta empresa. ¡Que nadie se escaquee! Todos los creyentes en Jesús, el Niño de Belén, estamos obligados a colaborar en el anuncio de su Buena Nueva a cuantos, todavía, no han oído hablar de Él. Y, al mismo tiempo, a atajar las muchas necesidades que pisotean la dignidad de cientos de miles de niños que no han tenido tanta suerte como los que corretean por nuestros parques y jardines. Sí, no es broma. Todavía hoy, en los umbrales del siglo XXI, el panorama mundial que presenta la infancia es bien desalentador.



Desde la Misión... ¡gracias!