jueves, 7 de abril de 2016

Dejémonos mirar por el Señor

En su Evangelio, San Mateo nos cuenta cómo fue el encuentro que marcó su vida; él nos introduce en un “juego de miradas” que es capaz de transformar la historia. Un día, como otro cualquiera, mientras estaba sentado en la mesa de recaudación de los impuestos, Jesús pasaba, lo vio, se acercó y le dijo: 
“«Sígueme». Y él, levantándose, lo siguió”.

Jesús lo miró. Qué fuerza de amor tuvo la mirada de Jesús para movilizar a Mateo como lo hizo; qué fuerza han de haber tenido esos ojos para levantarlo. [...] Lo miró con ojos de misericordia; lo miró como nadie lo había mirado antes. Y esa mirada abrió su corazón, lo hizo libre, lo sanó, le dio una esperanza, una nueva vida [...]. 


Es nuestra historia personal; al igual que muchos otros, cada uno de nosotros puede decir: yo también soy un pecador en el que Jesús puso su mirada. [...]

Después de mirarlo con misericordia, el Señor le dijo a Mateo: «Sígueme». Y Mateo se levantó y lo siguió. Después de la mirada, la palabra. Tras el amor, la misión. [...] La mirada de Jesús genera una actividad misionera, de servicio, de entrega. [...] Su mirada transforma nuestras miradas, su corazón transforma nuestro corazón. [...]

Dejémonos mirar por el Señor en la oración, en la eucaristía, en la confesión, en nuestros hermanos, especialmente en aquellos que se sienten dejados, más solos. Y aprendamos a mirar como Él nos mira.

Papa Francisco Homilía durante su viaje a Cuba 21 de septiembre de 2015 la fiesta de san Mateo

La mirada de Jesús genera una actividad misionera, de servicio, de entrega. Su mirada transforma nuestras miradas; su corazón nuestro corazón