viernes, 23 de septiembre de 2016

Unas “vacaciones” diferentes

Testimonio de un matrimonio colaborador de nuestra Delegación de misiones, que han convertido sus días de descanso, en unas vacaciones diferentes.


Estamos aterrizando otra vez en Sevilla, volviendo al trabajo, preparando la vuelta al instituto… Las vacaciones se acaban pero éste no ha sido un verano normal, ni siquiera hemos pasado calor, a pesar de las altas temperaturas que nos cuentan que ha habido por estas latitudes.

Este año el Padre nos ha regalado unas “vacaciones” diferentes, la posibilidad de compartir casi dos meses con otro pueblo, con otra cultura, de poner nuestro granito de arena en la construcción del Reino de Dios; saliendo de nuestra zona de confort para ir al encuentro de ese otro mundo, tan real e ignorado, del que a veces resulta más fácil no oír hablar.

Mi marido y yo somos Laicos Misioneros Combonianos (LMC) y estuvimos como misioneros trabajando tres años al norte de Mozambique cuando mi hija mayor era un bebé. Después la vida se nos complicó y ahora después de 14 años nos hacía mucha ilusión volver a África, aunque fuese “de visita”.

Viajar como familia, con dos hijas de 14 y 15 años, es más complicado que cuando hace ya tantos años estuvimos en Mozambique, pues para ellas era su primer contacto con África (al menos que se acuerden), con lo que ello implica de diferente en todo, ya no sólo en la fisionomía de las ciudades, la cantidad de gente joven y niños por todas partes, los puestos de fruta ambulantes, una circulación que es una locura, la sensación de ir llamando la atención vayas por donde vayas, sino sobre todo la dificultad para comunicarte con la gente, lo cual hacía que fuese más complicado conocer su visión del mundo, de la vida, de su propia realidad, ….  y hacía falta la ayuda de alguien que nos tradujese, que nos explicase…  Un gran esfuerzo de observación, de estar atentos a los gestos, al lenguaje no verbal, y así ir descubriendo este pueblo tan acogedor y tan rico en costumbres y tradiciones.

El contraste con nuestras ciudades españolas es enorme, y eso que estábamos en Awassa, la cuarta ciudad más grande del país, con amplias avenidas centrales asfaltadas y numerosos hoteles al tener un precioso lago y una flora y una fauna increíbles. A nuestras hijas les llamaba mucho la atención las calles de tierra, los montoncitos de leña para cocinar, las cabras, ovejas, e incluso vacas, andando sueltas por las calles, que cuando llovía la vida no se paraba y nadie usaba paraguas (salvo para protegerse del sol)… pero sobre todo les ha llamado mucho la atención la amabilidad de la gente, que todo el mundo te sonría y te salude, que la gente no vaya corriendo a todas partes, que la misa dure una hora y tres cuartos y la gente esté contenta… espero que hayan aprendido mucho de este pueblo y que esta experiencia les enseñe otros valores distintos de los de nuestro “primer” mundo.

Nosotros hemos ido a acompañar y a apoyar el trabajo de la comunidad de los Laicos Misioneros Combonianos que trabajan allí desde 2009. La comunidad estaba formada por un matrimonio de Canadá, junto con sus tres hijos (adoptados allí) y dos chicas de Polonia. El trabajo que están haciendo allí es inmenso. Como laicos que somos intentamos vivir de nuestro trabajo, aprovechando nuestra formación y experiencia profesional; e implicándonos y comprometiéndonos en la vida de la Iglesia local, apoyando la formación de los catequistas, acompañando a los jóvenes, a las familias, colaborando en la promoción humana de los más necesitados, siendo testimonio del Amor de Dios a los últimos y abandonados.

Hemos podido conocer de primera mano la labor que llevan a cabo, y sobre todo ver el amor que ponen al hacerlo. La dulzura y el cariño con el que se ocupan de los niños con dificultades especiales, el trabajo con los jóvenes en la parroquia, la responsabilidad en sus trabajos, el testimonio de familia, su compromiso con los más necesitados, … y todo desde el carisma de S. Daniel Comboni, intentando salvar África con África, cediendo el protagonismo al otro, acompañando, no dirigiendo, desde la sencillez y la humildad de saberse extranjeros, enviados en comunidad a anunciar el Amor del Padre y a construir su Reino.

No siempre ha sido fácil, pues a veces la realidad era muy dura y muy distinta de la que estamos acostumbrados. Para mis hijas era difícil entender que el estado no se ocupase de los huérfanos, que no hubiese ayudas sociales para la gente sin ingresos o con discapacidades, que los niños se fueran de casa a los 10 años para buscarse la vida, que en las zonas rurales las niñas se casaran con 14 años o que las niñas de 6 años no pudieran ir a la escuela porque tenían que cuidar de sus hermanos pequeños… Que distinto de nuestro mundo…

Desde un punto de vista de resultados se podría decir que no hemos hecho grandes cosas. Hemos colaborado en el centro de las Misioneras de la Caridad, yendo a jugar y organizar actividades con los niños que estaban allí, hemos ido también a jugar con los niños a un par de orfanatos en los que había sobre todo bebés y niños con minusvalías físicas y psíquicas. Hemos participado en el programa de verano de la parroquia de Tullo, y también en diversas actividades pastorales dando testimonio (encuentros juveniles, retiros, comunidades…). Hemos apoyado y acompañado a la comunidad LMC,… Pero ya sabemos que hacer no lo es todo. Ha sido una gran experiencia, donde hemos visto los frutos del amor, la misericordia, la entrega, la generosidad, la confianza en la providencia, la alegría del evangelio,… no sé si nuestra presencia allí habrá servido para algo, pero desde luego a nosotros nos ha servido mucho, y espero que ahora de vuelta a España, y a nuestra cotidianidad, seamos capaces de transmitir y contagiar a nuestra sociedad y a nuestra Iglesia, la VIDA que allí hemos percibido, a pesar de las carencias y dificultades que enfrentan cada día.

Carmen Tomás
Laicos Misioneros Combonianos