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lunes, 6 de febrero de 2017

La vocación desde su niñez

Ya de niña ayudaba a su hermano en sus juegos de Misas en el desván. Desde pequeña vivió de cerca la apertura a la Misión de su familia: de siete hermanos, seis de ellos acabaron siendo misioneros. Hoy está en Bolivia, trabajando con niños de Infancia Misionera.



¿Qué quería usted ser de niña?
Por los buenos ejemplos de mis padres y hermanos, yo fui una niña feliz, sin preocuparme del futuro. Me bastaba sentirme querida por Dios, por mis padres y por mis hermanas y hermanos.
Antes de nacer yo, mi hermano, el segundo, ya estaba con los PP. Claretianos, pues entró en el Seminario Menor a los 11 años. Cuando yo tenía unos dos años y medio, mi hermana, la mayor, entró con las Religiosas Claretianas.
Recuerdo que un día, siendo yo muy niña, caminaba con mi mamá y una señora se paró a saludarnos. Ella sabía que yo ya tenía dos hermanos en el convento y me preguntó: “Cuando seas mayor, ¿vas a ser también monjita, como tu hermana?  Esa pregunta me pilló de sorpresa y yo miré a mi mamá, como en busca de ayuda… Ella, muy serena, me miró y dijo: “Lo que Dios quiera, ¿verdad?”
Aquello se me grabó de tal manera que, ahora reconozco, ha sido toda mi vida el criterio que ha guiado mis búsquedas. Jesús fue para mí mi Amigo que nunca se despedía, con quien yo podía seguir conversando cuando mis amigas se iban quedando en sus casas, el amigo que crecía conmigo, a quien le podía contar todo y hacer cualquier pregunta.
Otra experiencia que tuve de niña era ayudar, como monaguilla, a las misas que mi hermano,  tres años mayor que yo, celebraba en el desván de mi casa. Desde muy pequeño él soñaba con ser “misionero como mi hermano” (“menero” decía con su media lengua). Es una pena que no hubo fotógrafo en aquellas misas. Años después, sus sueños se cumplieron y fue misionero en África varios años, mientras su salud se lo permitió. Hoy sigue siendo misionero, atendiendo con ilusión varios pueblos en Cantabria.

¿En qué momento oyó la llamada de Jesús a seguirle?
La amistad con Jesús fue madurando y cuando estaba en tercer año de Magisterio, el último año, y ya tenía cinco hermanos religiosos, hicimos unos Ejercicios Espirituales y fue ahí cuando me pregunté en serio sobre mi futuro y sentí por dentro que Jesús me llamaba a ser religiosa, pero no estaba segura en qué Congregación. Con la ayuda de una hermana del colegio de las Hijas de Jesús, donde yo estudiaba, fui haciendo el discernimiento, y vi claro que Dios me llamaba a la Congregación de las Hijas de Jesús. Era el 10 de mayo de 1963. Como la entrada era el 2 de junio de ese año, me dijo la Hna. que si, de verdad, quería entrar en junio, ese mismo día debía pedir permiso a mis padres y que después de hacerlo la llamase por teléfono…Cuando llegué a casa, me armé de valor y con pocas palabras les manifesté mi deseo de entrar en junio en el noviciado de las Hijas de Jesús. Mis “santos padres” solo me pidieron que les diese un día para pensarlo. Toda la noche sentí que hablaban, lloraban, suspiraban….A la mañana siguiente, mi padre me dijo que no podían negarme lo que no habían negado a mis hermanos. Y que, si Dios se lo pedía, era porque Él les iba a cuidar (pues yo era la menor de todos). Muy feliz, se lo comuniqué a la Hermana al llegar al colegio. Inmediatamente mi madre empezó los preparativos y mi padre escribió cartas a todos mis hermanos comunicando la noticia. Reconocí que la fe y la confianza de mis padres en Dios, no era común. Entré el 2 de junio de 1963, junto con otra compañera de mi curso, a mis 18 años.

¿En qué consiste actualmente su misión?
Actualmente ya estoy jubilada del Magisterio, pero sigo teniendo contacto con los niños y adolescentes a través de los grupos de Infancia y Adolescencia Misionera que tenemos en el Colegio. También soy encargada de los apadrinamientos a familias de muy escasos recursos en nuestro colegio. Cada viernes visito un barrio muy pobre. También soy  asesora de un grupo de personas mayores de la Legión de María; asisto a las reuniones del Consejo parroquial y ayudo en las labores de casa en mi comunidad.

¿Se cumple de algún modo lo que soñaba?

Sin duda… Lo que soñaba, aunque no fuese muy consciente de ello, era hacer lo que Dios quería de mí y esto era seguir a Jesús. Por medio de mis superioras, Él ha ido manifestando lo que debía hacer en cada momento. Estuve 18 años en Filipinas y ya llevo 29 años en Bolivia. He sido muy feliz en todos los lugares donde me han enviado y con alegría sigo estando a Su disposición. En todo momento Él ha ido acompañándome, con amor y me siento inmensamente agradecida por la vocación que me ha dado.