miércoles, 16 de octubre de 2013

Experiencias de vida en misión

Nuestro joven colaborador Ignacio del Rey, un muchacho muy comprometido con todo lo referente a las misiones, este año ha querido vivir en primera persona la experiencia de ir de misión, ha sacrificado su vacaciones placenteras para irse al encuentro de ese otro mundo de las misiones, ha visitado varias ciudades, pero se ha centrado más en Trujillo (Perú), y más concretamente ayudando en el Albergue para niños de la calle "Monseñor Oscar Romero". Os dejamos con estas palabras de experiencia vividas, esperando sirvan de estimulo para todo aquel que desde la misión "ad intra", se sienta misionero y ame las misiones. No sin antes dejaros con unas de las frases que el Papa Francisco, nos ha regalado en su mensaje para el DOMUND de este año, "todos somos enviados por los senderos del mundo para caminar con nuestros hermanos, profesando y dando testimonio de nuestra fe en Cristo y convirtiéndonos en anunciadores de su Evangelio"

  • ¿Por qué te has ido este año de misión?
Llevo muchos años con esas inquietudes, y por miedo real a dar el paso nunca busqué las circunstancias y esperé a que éstas me vinieran dadas. Y así es, este año se dieron las circunstancias y todo apuntó a que era este año, y no otro, el año en que tenía que dar el paso adelante.
  • ¿De dónde surgió esta llamada?
Surgió, como digo, de muchas inquietudes acumuladas, y de esas circunstancias que se dieron en un momento concreto. Cuando hablo de circunstancias no me refiero solo a circunstancias materiales o externas, sino a circunstancias personales y espirituales, por decirlo de algún modo. Para los creyentes no existen las casualidades, y pensé que era el momento porque todas las flechas señalaban al mismo camino.
  • ¿Qué inquietudes, te movieron a ello?
Una inquietud social que siempre ha habitado en mí, he podido ponerla en práctica en ocasiones dentro de nuestro entorno cercano y sin salir de nuestras fronteras, pero pensaba que era el momento de llevar esas inquietudes al extremo, ponerlas radicalmente en práctica. Me movió una inquietud por conocer, por sentir, por involucrarme sin anestesia en la vida de aquellos que sienten la miseria y la pobreza en sus vidas, tenía ganas de poder aprender de personas que conocen la vida mucho mejor que todos los que pensamos que la conocemos.
  • ¿Qué es lo primero que uno piensa cuando llega a un sitio nuevo como misionero?
Cuando se abrió la puerta del avión y puse mis pies en el borde de la escalerilla tras doce horas esperando aterrizar pensé que mi único deseo en ese momento era que aquella puerta volviera a cerrarse y regresar de nuevo como si nada hubiera visto. Cobarde ¿verdad? Seguramente, pero mi primera imagen de aquella realidad fue desoladora, aun sin tocar su suelo con mis pies, desde lo alto de aquella escalera, ya se podía sentir la necesidad que se ocultaba tras el gris triste y sucio del aire, tras la vejez de las casitas que se levantaban a unos  palmos del suelo habitando los cerros. Un panorama que, sin haber aun descorrido el telón de la aventura, ya podía desvelarse poco a poco solo con imágenes como aquella.


  • ¿Cómo se evangeliza cuando las situaciones son tan difíciles?
Quizás allí sea aun más sencillo evangelizar que aquí, no lo sé. Aquí atamos nuestra felicidad al consumismo, a lo material, a todo aquello que supone un coste, aquí vivimos en las prisas continuas, con el reloj en la mano, y si algo de tiempo nos queda en el día, quizás decidamos dedicarlo a la Fe y a Dios. Vivimos en la comodidad de una vida que sin Dios quizás sea más cómoda que con Él. En cambio allá, a nada de esto pueden atar su felicidad, porque bien saben ellos mismos, que así sería inalcanzable la felicidad para ellos, por tanto, tienen la Fe, la fuerza de Dios, como único recurso al que amarrar su felicidad y al que clavar sus esperanzas. Para millones de personas, allí la felicidad se limita a tener algo cada día para llevarse a la boca, y aun así, muchos son infelices al no tenerlo, pero otros muchos, utilizan la Fe como único alimento, como columna de su supervivencia para subsistir a una realidad en la que, sin nada, se sienten con todo teniendo a Dios. Insisto, tanto que aprender…
  • ¿Y cómo se alienta a alguien a tener ganas de vivir esa experiencia?
A cualquier persona con inquietudes le bastaría esto: “Con personas pequeñas, haciendo cosas pequeñas sumergidas en lugares pequeños, se puede cambiar el mundo”
  • ¿Te ha sentido en algún momento desilusionado, con ganas de abandonar?
Bajada la escalerilla del avión, en ningún momento. Si es cierto que hay muchos momentos de “bajón”, en los que uno necesita desahogarse, llorar, echar todo lo que vas reteniendo andando únicamente por la calle. Pero no por desánimo en el trabajo, sino porque las situaciones fuertes a veces te superan, se ven cosas tan duras que el detector del corazón a veces pita porque no las soporta. Pero, ¿cómo abandonar? Si son sus vidas, ¿voy a abandonar yo, que voy solo temporalmente? Aunque parezca fuerte, solo dan ganas de abandonar cuando llevas dos días en Sevilla después de regresar, ahí si dan ganas de abandonar, porque la misión allí no acaba, aquello solo es el arranque, tengo claro que nuestras misiones están también aquí, donde ahora me toca contagiar la experiencia vivida allá para poder crear algo de conciencia en esta sociedad que vuelve la cara a aquella realidad para no sentirse culpable de algo de lo que todos somos responsables.
  • ¿Qué cara tiene Dios en la misión?
Si me permiten y me consienten la expresión: “Dios en la misión está en su salsa”. Aquello no es Jerusalén, pero yo lo viví como si también fueran Tierras Santas, andaba por los arenales como si fueran las mismos que Cristo recorrió rodeado de niños y curando enfermos. Allí Dios te habla de tú, más fuerte, en primera persona, de cara, sin boatos, sin parafernalias, si suntuosidades y sin grandezas. Difícil de explicar, pero uno palpa allí que Dios se siente a gusto.
  • ¿Qué se debe llevar a las misiones?
Mucha ilusión, muchas ganas de trabajar y de aprender, y convicción de haber dejado detrás todos los problemas, que después, a la vuelta, descubres, casualmente, que no eran problemas…
  • ¿Qué traes después de esta experiencia?
Traigo una experiencia muy difícil de explicar con palabras, traigo un aprendizaje que ninguna Universidad ni ningún profesor enseña y me traigo un corazón lleno de nombres que nunca voy a olvidar. Creo que traigo una conciencia mucho más real del mundo en el que vivimos y de la sociedad de la que formamos parte. Traigo, igualmente, creo, una experiencia de Dios y del hombre que, a buen seguro, han marcado mi vida para siempre.


  • ¿Te ha cambiado la visión de la vida?
Naturalmente, ahora lo veo todo con otros ojos. La vuelta es sumamente dura y muchos me pregunta si ya he aterrizado, yo respondo: “No he aterrizado, pero dudo mucho que quiera hacerlo”, con esto quiero decir que no deseo volver a mirar al mundo con los ojos con que los miraba, soy feliz viviendo con la intranquilidad de saber que vivimos en un mundo injusto que espera impaciente a que los propios hombres lo cambien, todo depende únicamente de nosotros, he vuelto con ese convencimiento. Todos debemos sentir parte de responsabilidad de que esta realidad exista, quien intenta tranquilizar su conciencia echando balones fuera, se equivoca.
  • ¿Sientes a Dios más cerca?
Lo siento muy cerca, allí sentí que no me dejaba en ningún momento, y eso era un impulso enorme cuando las fuerzas flaqueaban, siempre lo he sentido cerca, pero nunca había podido tocarlo, hoy puedo decir, sin complejos, que yo toqué a Dios mismo en las misiones.
  • ¿Volverías de nuevo a una misión?
Con los ojos cerrados.
  • ¿Le recomienda esta experiencia a los jóvenes?

A los jóvenes y a todos los que sientan estas inquietudes, es una experiencia que si todos la viviéramos cambiarían muchas cosas. Animo a todos los que sientan algo dentro que les mueve a que den el paso, no podemos ser egoístas pensando que va a ser algo duro para nosotros, naturalmente lo es, pero no podemos permitirnos el lujo de pensar en nosotros cuando allá nos espera mucha gente que realmente está sufriendo las consecuencias de la miseria para que les tendamos nuestra mano.